sábado, 22 de junio de 2013

Soneto XXIII. Pablo Neruda.




Soneto XXIII. Fue luz el fuego y pan la luna rencorosa.

Fue luz el fuego y pan la luna rencorosa,
El jazmín duplicó su estrellado secreto,
Y del terrible amor las suaves manos puras
Dieron paz a mis ojos y sol a mis sentidos.

Oh amor, cómo de pronto, de las desgarraduras
Hiciste el edificio de la dulce firmeza,
Derrotaste las uñas malignas y celosas
Y hoy frente al mundo somos como una sola vida.

Así fue, así es y así será hasta cuando,
Salvaje y dulce amor, bienamada Matilde,
El tiempo nos señale la flor final del día.

Sin ti, sin mí, sin luz ya no seremos:
Entonces más allá del la tierra y la sombra
El resplandor de nuestro amor seguirá vivo.

Pablo Neruda.

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