viernes, 26 de septiembre de 2014

A una mujer hecha de oro. Paulo Manterola.

A continuación un poema de Paulo Manterola, la pintura que acompaña la poesía es la misma que dispuso el escritor para subir a su Blog (al final del post dejo el link)


Gustav Klimt
El beso
Óleo sobre lienzo
180 x 180 cms.
1907-1908




ella me dijo
que nos pusimos de novios un día veintiocho, de un marzo...
... y yo sabía que no era verdad,
pero no dije nada.
un tiempo después, me dijo que fue
porque sabía
que febrero nunca tiene treinta días.
y la primera vez me olvidé, y ella
no.
también me dijo una vez,
antes, después,
da igual,
que no esperaba que duremos más de un año y eso
yo no lo pude olvidar.
pero le dije
está bien, vamos a casa,
y después
fuimos a casa.

yo le decía que la quería y ella
me decía yo también.
yo me quedaba despierto hasta que se durmiera,
acariciándola,
haciéndole
mimos.
cuando yo me quedaba dormido, ella
se levantaba a tomar mate;
me hizo algunas caricias tibias en el brazo una vez
hasta que me dormí
enroscado en su cintura, sobre su pecho,
y cuando desperté,
estaba solo,
ella estaba leyendo un libro de bolaño en el comedor.
me encantaba estar en la cama con ella, estar
nada más.
le llevaba el desayuno.
ella terminaba el café, se bañaba y salía corriendo
para la facultad.

cada veintiocho (excepto el primero, claro)
le hacía un regalo
y casi todos los demás días también,
sin pensarlo demasiado,
se me ocurría alguna forma de
sorprenderla.
ella me decía gracias, que no hacía falta
y yo le decía
está bien, vamos a casa...
... y después
íbamos a casa.

ella me dijo que la primera vez que salimos la pasó muy mal
pero yo nunca lo creí, ella
decía muchas cosas que lastimaban
porque sí,
para sentirse más segura.
aunque, tal vez,
también,
esas cosas que decía solamente querían decir eso,
pero tampoco dije nada.
ella me dijo
una o dos veces que me quería
y yo le dije
está bien, vamos a casa...
... y ya
no íbamos siempre
a casa.

pensé que la amaba y la
miré a los ojos,
y esos ojos son los ojos enamorados más hermosos
que vi en mi vida,
y yo la miré con los únicos ojos que tuve
desde el primer día que la conocí.
pero esos ojitos suyos no eran para mí,
creo, al menos,
así lo presentí.
yo le dije si le pasaba algo y ella
me pellizcó en el brazo
y siguió pellizcándome.
me dijo si alguna vez pensaba en cosas terribles
y yo le dije que no,
y le mentí.
y ella tampoco, me dijo
y también mintió.
yo le dije que algo no estaba bien y ella
me dijo que iba a dejarme,
yo le dije
está bien y la acompañé a su casa.
ella lloró un rato
(un rato nomás),
y yo le dije que no llore.
le dije,
mientras me dolía en el alma
y en los huesos,
que nunca tuviera miedo de nada ni nadie,
que ella lo podía todo,
lo tenía todo,
que nunca dejara que nadie le hiciera daño,
ni siquiera yo.
ella nunca me dijo más nada
y yo nunca quise preguntar.

y recuerdo
le dije una vez
que le tenía miedo a la muerte.
pero cuando
la tuve por primera vez entre mis brazos,
esa noche,
al cerrar los ojos,
ya no le tuve más miedo
a nada,
nada más que a la muerte,
porque ahí no estaría ella.
eso pensaba
y hoy
tampoco está.

un tiempo después,
le dije también todo lo que la extrañaba
y ella me dijo que sí,
un poco también,
y que tenía un libro para devolverme,
un libro
que nunca le presté.
y yo le dije
que nada podía importarme menos
que un libro
en ese momento.

ella estaba hecha de oro,
desde sus pestañas hasta su nombre,
su pelo,
su sonrisa, sus ojos.
sus pechos,
sus pies,
su cadera, sus manos, sus huesos.
ella me dijo que yo también,
pero nunca lo creí.
hoy es barro
entre cada una de mis articulaciones y pensamientos.
yo soy barro
también.

y me gustaría poder decir que lo intentamos;
que más allá de nosotros,
ella a su forma,
yo a la mía,
realmente lo intentamos...
... pero hace rato
que vengo tratando de convencerme,
una y otra vez
lo pienso,
y se me cierra el pecho
y me siento gris
y me acuesto, me levanto
y no sé por qué
y deambulo,
me trepo por las paredes
de una casa
que ya no se siente como casa.
y pienso:
la verdad es que
no tengo mucho para decir ya
sobre nada.


(Paulo Manterola)


Link al Blog del autor: Paulo Manterola

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