lunes, 24 de noviembre de 2014

Guerrero. Julieta Manterola.

Hoy comparto con ustedes un breve pero interesante y bello escrito de Julieta Manterola, espero lo disfruten, la entrada está acompañada de algunas pinturas que creo son muy adecuadas para el texto, las pinturas también fueron seleccionadas por la autora.



Russian Knight
(Caballero Ruso)
Konstantin Vasilyev


Guerrero

Despertaste ensangrentado, sin saber siquiera por qué habías caído o
quién te había derribado. La espada, clavada en tu pecho. Tu ropa,
desgarrada. Tu escudo, demasiado lejos. Lo primero que viste fueron
tus manos, ensangrentadas también. Sentiste el sabor dulce de la
sangre en tu boca. A tu alrededor, no había más que cadáveres. 

¿Por qué sobreviviste?

Sacaste la espada de tu pecho. Tragaste la sangre. Te convertiste en
un extraño para el mundo y el mundo se te volvió un lugar ajeno.


Inmortal:
¿cómo es el mundo que ves?
¿ves la justicia que a mí se me escapa?
¿ves la injusticia de una forma aún más cruel?
¿tu dolor tiene acaso una mejor causa?


Y guerrero:
¿qué has aprendido en todos estos años?
¿has perdido la fe o la has encontrado?


  The Battle with the dragon
(La Batalla con el dragón)
 Konstantin Vasilyev


Espero hayan disfrutado del texto y las pinturas, como siempre si lo comparten en las redes sociales, tanto esta entrada como otras se los agradeceré, hasta la próxima !!!

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 On the bridge Kalinovoye
(En el puente Kalinovoye)
Konstantin Vasilyev


domingo, 16 de noviembre de 2014

El Tigre. William Blake.

Hoy quiero compartir con ustedes un poderoso y bellísimo poema de William Blake (1757-1827), acompañan al mismo un grabado del mismo artista, que también era, además de poeta, pintor y grabador. 

Como dato al margen, quienes hayan mirado la serie El Mentalista, pueden, si buscan, hallar muchísimas alusiones a este autor y en particular a este gran poema.

Blake era de nacionalidad inglesa, en el futuro subiré más material de este artista, y tal vez incluso alguna pequeña biografía.

La traducción la tomé del sitio del Centro Cultural Borges, al final de la entrada dejo el link.



Retrato de Blake
Thomas Phillips (1807)



El Tigre

Tigre, tigre, que te enciendes en luz
 por los bosques de la noche
¿qué mano inmortal, qué ojo
pudo idear tu terrible simetría?
¿En qué profundidades distantes, en qué cielos ardió el fuego de tus ojos?
¿Con qué alas osó elevarse? ¿Qué mano osó tomar ese fuego?

¿Y qué hombro, y qué arte
pudo tejer la nervadura de tu corazón?
Y al comenzar los latidos de tu corazón,
¿qué mano terrible? ¿Qué terribles pies?

¿Qué martillo? ¿Qué cadena?
¿En qué horno se templó tu cerebro?
¿En qué yunque? ¿Qué tremendas garras osaron sus mortales terrores dominar?

Cuando las estrellas arrojaron sus lanzas
y bañaron los cielos con sus lágrimas
¿sonrió al ver su obra?
¿Quien hizo al cordero fue quien te hizo?

Tigre, tigre, que te enciendes en luz,
por los bosques de la noche
¿qué mano inmortal, qué ojo
osó idear tu terrible simetría?

William Blake


 Nebuchadnezzar
Artista: William Blake
Fecha de finalización: 1795
Estilo: Simbolismo
Técnica: grabado
Dimensiones: 620 x 446 cm
Galeria: Galería Tate, Londres, Reino Unido.

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Y una pintura más, que si bien no es de Blake, no necesitaré explicar el porqué de su inclusión.

The Tiger
(El Tigre)
Artista: Richard Friese
Fecha de finalización: 1890
Estilo: Naturalismo


Link a la fuente de la traducción del Poema: Centro Cultural Borges.

Espero hayan disfrutado de la poesía, el grabado y la pintura, como siempre si lo comparten en las redes sociales, tanto esta entrada como otras se los agradeceré, hasta la próxima !!!

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martes, 11 de noviembre de 2014

Textos de Sombra. Alejandra Pizarnik.

La siguiente es una selección de los "Textos de Sombra" que hizo Julieta Manterola y que comparto con ustedes, la introducción al mismo también está escrita por Julieta.




“Textos de sombra y últimos poemas”, de Alejandra Pizarnik, es un libro que se publicó luego de su muerte, ocurrida en 1972. El trabajo de recopilación fue realizado por Olga Orozco y Ana Becciú y salió a la luz en 1982. La presente selección está tomada del libro Alejandra Pizarnik, Poesía completa, Edición a cargo de Ana Becciú, Editorial Lumen.


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Selección de Poemas:


Textos de sombra


No [poder] querer más vivir sin saber qué vive en el lugar mío ni escribir si para herirme la vida toma formas tan extrañas.

……

en la noche del corazón.
en el centro de la idea negra.

ningún hombre es visible.
nadie está en algún jardín.

……

Alguien
cae
en
su
primera caída

……

Yo voces.
Yo el gran salto.

Cuando la noche sea mi memoria
mi memoria será la noche.

……

La noche soy y hemos perdido.
Así hablo yo, cobardes.
La noche ha caído y ya se ha pensado en todo.

Septiembre de 1972


Alejandra Pizarnik




Selección de Prosa:


Textos de sombra


Sólo buscaba un lugar más o menos propicio para vivir, quiero decir: un sitio pequeño donde cantar y poder llorar tranquila a veces. En verdad no quería una casa; Sombra quería un jardín.
-          Sólo vine a ver el jardín - dijo.
Pero cada vez que visitaba un jardín comprobaba que no era el que buscaba, el que quería. Era como hablar o escribir. Después de hablar o de escribir siempre tenía que explicar:
-          No, no es eso lo que yo quería decir.
Y lo peor es que también el silencio la traicionaba.
-          Es porque el silencio no existe - dijo.
El jardín, las voces, la escritura, el silencio.
-          No hago otra cosa que buscar y no encontrar. Así pierdo las noches.
Sintió que era culpable de algo grave.
-          Yo creo en las noches - dijo.
A lo cual no supo responderse: sintió que le clavaban una flor azul en el pensamiento con el fin de que no siguiera el curso de su discurso hasta el fondo.
-          Es porque el fondo no existe - dijo.
La flor azul se abrió en su mente. Vio palabras como pequeñas piedras diseminadas en el espacio negro de la noche. Luego, pasó un cisne con rueditas con un gran moño rojo en el interrogativo cuello. Una niñita que se le parecía montaba el cisne.
-          Esa niñita fui yo - dijo Sombra.

Sombra está desconcertada. Se dice que, en verdad, trabaja demasiado desde que murió Sombra. Todo es pretexto para ser un pretexto, pensó Sombra asombrada.

1-V-1972

……

El entendimiento

Empecemos por decir que Sombra había muerto. ¿Sabía Sombra que Sombra había muerto? Indudablemente. Sombra y ella fueron consocias durante años. Sombra fue su única albacea, su única amiga y la única que vistió luto por Sombra. Sombra no estaba tan terriblemente afligida por el triste suceso y el día del entierro lo solemnizó con un banquete.

Sombra no borró el nombre de Sombra. La casa de comercio se conocía bajo la razón social “Sombra y Sombra”. Algunas veces los clientes nuevos llamaban Sombra a Sombra; pero Sombra atendía por ambos nombres, como si ella, Sombra, fuese en efecto Sombra, quien había muerto.

……

Presencia de sombra

Alguien habla. Alguien me dice.
Extraordinario silencio el de esta noche.
Alguien proyecta su sombra en la pared de mi cuarto. Alguien me mira con mis ojos que no son los míos.
Ella escribe como una lámpara que se apaga, ella escribe como una lámpara que se enciende. Camina silenciosa. La noche es una mujer vieja con la cabeza llena de flores. La noche no es la hija preferida de la reina loca.
Camina silenciosa hacia la profundidad la hija de los reyes.
De demencia la noche, de no tiempo. De memoria la noche, de siempre sombras.


Alejandra Pizarnik

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Espero hayan disfrutado de las poesías y de la prosa, como siempre si lo comparten en las redes sociales, tanto esta entrada como otras se los agradeceré, hasta la próxima !!!

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domingo, 2 de noviembre de 2014

El Cuervo. Edgar Allan Poe.

Hoy comparto con ustedes el sublime poema narrativo "El Cuervo" de Edgar Allan Poe, en el futuro subiré también algunos de los cuentos de este gran autor que nos recuerda que el género del terror puede ser exquisito si detrás hay una pluma y una inteligencia a la altura ...

La traducción al español la tomé de Literatura.us

Las ilustraciones son de Gustave Doré y las tomé de Adelaide.edu






Edgar Allan Poe
(Boston, 1809 - Baltimore, 1849)


el cuervo





Una vez, al filo de una lúgubre media noche,

mientras débil y cansado, en tristes reflexiones embebido,
inclinado sobre un viejo y raro libro de olvidada ciencia,
cabeceando, casi dormido,
oyóse de súbito un leve golpe,
como si suavemente tocaran,
tocaran a la puerta de mi cuarto.
“Es —dije musitando— un visitante
tocando quedo a la puerta de mi cuarto.
Eso es todo, y nada más.”




¡Ah! aquel lúcido recuerdo
de un gélido diciembre;
espectros de brasas moribundas
reflejadas en el suelo;
angustia del deseo del nuevo día;
en vano encareciendo a mis libros
dieran tregua a mi dolor.
Dolor por la pérdida de Leonora, la única,
virgen radiante, Leonora por los ángeles llamada.
Aquí ya sin nombre, para siempre.







Y el crujir triste, vago, escalofriante
de la seda de las cortinas rojas
llenábame de fantásticos terrores
jamás antes sentidos.  Y ahora aquí, en pie,
acallando el latido de mi corazón,
vuelvo a repetir:
“Es un visitante a la puerta de mi cuarto
queriendo entrar. Algún visitante
que a deshora a mi cuarto quiere entrar.
Eso es todo, y nada más.”




Ahora, mi ánimo cobraba bríos,
y ya sin titubeos:
“Señor —dije— o señora, en verdad vuestro perdón
imploro,
mas el caso es que, adormilado
cuando vinisteis a tocar quedamente,
tan quedo vinisteis a llamar,
a llamar a la puerta de mi cuarto,
que apenas pude creer que os oía.”
Y entonces abrí de par en par la puerta:
Oscuridad, y nada más.




Escrutando hondo en aquella negrura
permanecí largo rato, atónito, temeroso,
dudando, soñando sueños que ningún mortal
se haya atrevido jamás a soñar.
Mas en el silencio insondable la quietud callaba,
y la única palabra ahí proferida
era el balbuceo de un nombre: “¿Leonora?”
Lo pronuncié en un susurro, y el eco
lo devolvió en un murmullo: “¡Leonora!”
Apenas esto fue, y nada más.




Vuelto a mi cuarto, mi alma toda,
toda mi alma abrasándose dentro de mí,
no tardé en oír de nuevo tocar con mayor fuerza.
“Ciertamente —me dije—, ciertamente
algo sucede en la reja de mi ventana.
Dejad, pues, que vea lo que sucede allí,
y así penetrar pueda en el misterio.
Dejad que a mi corazón llegue un momento el silencio,
y así penetrar pueda en el misterio.”
¡Es el viento, y nada más!




De un golpe abrí la puerta,
y con suave batir de alas, entró
un majestuoso cuervo
de los santos días idos.
Sin asomos de reverencia,
ni un instante quedo;
y con aires de gran señor o de gran dama
fue a posarse en el busto de Palas,
sobre el dintel de mi puerta.
Posado, inmóvil, y nada más.






Entonces, este pájaro de ébano
cambió mis tristes fantasías en una sonrisa
con el grave y severo decoro
del aspecto de que se revestía.
“Aun con tu cresta cercenada y mocha —le dije—,
no serás un cobarde,
hórrido cuervo vetusto y amenazador.
Evadido de la ribera nocturna.
¡Dime cuál es tu nombre en la ribera de la Noche Plutónica!”
Y el Cuervo dijo: “Nunca más.”

Mas el Cuervo, posado solitario en el sereno busto.
las palabras pronunció, como virtiendo
su alma sólo en esas palabras.
Nada más dijo entonces;
no movió ni una pluma.
Y entonces yo me dije, apenas murmurando:
“Otros amigos se han ido antes;
mañana él también me dejará,
como me abandonaron mis esperanzas.”
Y entonces dijo el pájaro: “Nunca más.”




Sobrecogido al romper el silencio
tan idóneas palabras,
“sin duda —pensé—, sin duda lo que dice
es todo lo que sabe, su solo repertorio, aprendido
de un amo infortunado a quien desastre impío
persiguió, acosó sin dar tregua
hasta que su cantinela sólo tuvo un sentido,
hasta que las endechas de su esperanza
llevaron sólo esa carga melancólica
de ‘Nunca, nunca más’.”




Mas el Cuervo arrancó todavía
de mis tristes fantasías una sonrisa;
acerqué un mullido asiento
frente al pájaro, el busto y la puerta;
y entonces, hundiéndome en el terciopelo,
empecé a enlazar una fantasía con otra,
pensando en lo que este ominoso pájaro de antaño,
lo que este torvo, desgarbado, hórrido,
flaco y ominoso pájaro de antaño
quería decir granzando: “Nunca más.”




En esto cavilaba, sentado, sin pronunciar palabra,
frente al ave cuyos ojos, como-tizones encendidos,
quemaban hasta el fondo de mi pecho.
Esto y más, sentado, adivinaba,
con la cabeza reclinada
en el aterciopelado forro del cojín
acariciado por la luz de la lámpara;
en el forro de terciopelo violeta
acariciado por la luz de la lámpara
¡que ella no oprimiría, ¡ay!, nunca más!




Entonces me pareció que el aire
se tornaba más denso, perfumado
por invisible incensario mecido por serafines
cuyas pisadas tintineaban en el piso alfombrado.
“¡Miserable —dije—, tu Dios te ha concedido,
por estos ángeles te ha otorgado una tregua,
tregua de nepente de tus recuerdos de Leonora!
¡Apura, oh, apura este dulce nepente
y olvida a tu ausente Leonora!”
Y el Cuervo dijo: “Nunca más.”




“¡Profeta!” —exclamé—, ¡cosa diabolica!
¡Profeta, sí, seas pájaro o demonio
enviado por el Tentador, o arrojado
por la tempestad a este refugio desolado e impávido,
a esta desértica tierra encantada,
a este hogar hechizado por el horror!
Profeta, dime, en verdad te lo imploro,
¿hay, dime, hay bálsamo en Galaad?
¡Dime, dime, te imploro!”
Y el cuervo dijo: “Nunca más.”





“¡Profeta! —exclamé—, ¡cosa diabólica!
¡Profeta, sí, seas pájaro o demonio!
¡Por ese cielo que se curva sobre nuestras cabezas,
ese Dios que adoramos tú y yo,
dile a esta alma abrumada de penas si en el remoto Edén
tendrá en sus brazos a una santa doncella
llamada por los ángeles Leonora,
tendrá en sus brazos a una rara y radiante virgen
llamada por los ángeles Leonora!”
Y el cuervo dijo: “Nunca más.”




“¡Sea esa palabra nuestra señal de partida
pájaro o espíritu maligno! —le grité presuntuoso.
¡Vuelve a la tempestad, a la ribera de la Noche Plutónica.
No dejes pluma negra alguna, prenda de la mentira
que profirió tu espíritu!
Deja mi soledad intacta.
Abandona el busto del dintel de mi puerta.
Aparta tu pico de mi corazón
y tu figura del dintel de mi puerta.
Y el Cuervo dijo: “Nunca más.”





Y el Cuervo nunca emprendió el vuelo.
Aún sigue posado, aún sigue posado
en el pálido busto de Palas.
en el dintel de la puerta de mi cuarto.
Y sus ojos tienen la apariencia
de los de un demonio que está soñando.
Y la luz de la lámpara que sobre él se derrama
tiende en el suelo su sombra. Y mi alma,
del fondo de esa sombra que flota sobre el suelo,
no podrá liberarse. ¡Nunca más!




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