lunes, 12 de enero de 2015

La visión de Fray Martin.Vicente Nicolau Cotanda. Muestra La Seducción Fatal.

El Museo Nacional de Bellas Artes (Buenos Aires, Argentina) está realizando una exposición llamada "La Seducción Fatal. Imaginarios eróticos del SXIX". La misma ya fue reseñada en el Blog, pueden llegar a dicha entrada siguiendo el siguiente link:


En el marco de esta exposición se produjeron algunos cortos en video (que hallarán en el primer link) y textos especiales encargados a diversos artistas y estudiosos, hoy comparto con ustedes el texto Las trampas del erotismo de José Emilio Burucúa. Lo tomé de la página de la Biblioteca Nacional Mariano Moreno, al final hallarán el link.

El texto fue escrito para acompañar la obra La visión de Fray Martin de Vicente Nicolau Cotanda.



Las trampas del erotismo

(José Emilio Burucúa)



El español Vicente Nicolau Cotanda se radicó en Buenos Aires en 1889.1 En 1884, el artista había recibido en Madrid una medalla por un primer cuadro sobre La visión de fray Martín, inspirado en el poema de Gaspar Núñez de Arce de 1880. El pasaje elegido para esa ilustración se encuentra en el canto primero y se refiere al momento en el que Lutero, en el coro de la iglesia, es asaltado por la Duda.2 Patrocinio Ríos Sánchez ha señalado muy bien que la forma en la que Cotanda representó esa alegoría conduce más a interpretarla como la tentación de la Carne que como la Duda. El pintor habría alterado así el sentido del poema de Núñez de Arce y desviado el juicio sobre la figura de Lutero: hombre íntegro y poderoso que se anima a alzarse contra las tergiversaciones del cristianismo cometidas por la Iglesia de Roma, para el poeta; hombre asaltado por la lascivia, quien habría encontrado un cauce a sus deseos cuando rompió con Roma y el celibato sacerdotal, en la presentación del cuadro.3
En Buenos Aires, Cotanda volvió al tema y produjo un segundo cuadro en 1892, de dimensiones casi monumentales, basado también sobre el poema de Núñez de Arce pero tomado de un pasaje del canto segundo. El alma de Lutero y la Duda ascienden a una roca escarpadadesde la cual contemplan el tropel de la historia que pasa por el abismo, las miserias, la violencia y los pecados de los hombres: “[…] desde el tajado pico/ por cuyas quiebras con fragor caían,/ como torrente de espumosas ondas,/ los siglos despeñados de la cumbre;/ e impasibles y absortas, del linaje/ de Adán el rumbo incierto contemplaron. […] Horrendas luchas,/ impensadas catástrofes y fieras/ venganzas la diezmaban de continuo./ En tribus dividida, y en naciones,/ y en imperios, y en razas ¡cuántas veces/ las tribus, las naciones, los imperios/ y las razas enteras, cual rebaño/ que ciego se derrumba y precipita/ se despeñan en tropel! […] Todo, todo se hundía en la insondable/vorágine del tiempo. Leyes, usos,/ monumentos y gloria, hasta los mismos/ dioses, temblando de pavor, rodaban/ al fondo de la sima, nunca llena.// Los siglos arrollaban a los siglos,/ en turbulento curso, cual las olas / arrollan a las olas, […]”.4 Sobre ellos, la muerte “el aire/ envenenaba con su helado aliento”.5
Vale también para este cuadro la observación de Ríos Sánchez respecto de la Duda en lo alto del risco, que más parece la Carne bella y demoníaca con su cabellera al viento. Pero las figuras en el primer plano no ilustran las “desgreñadas orgías”, mencionadas por el poeta en el canto primero de su Visión, sino las calamidades que padece la humanidad. Si hay un rescoldo de erotismo en la mujer que muestra el torso desnudo detrás de la columna derribada, su gesto es más el de una nióbide que el de una ménade y toda su actitud es más la de la desesperación y el terror que la de un llamado al placer. Vale decir que, en esta obra, Cotanda habría puesto en escena el límite, las contradicciones perennes hacia las que suele deslizarse el arte erótico: la amenaza del dolor y la sombra del aniquilamiento. Se me ocurre pensar que nuestro cuadro es una buena prueba de cuanto decía Walter Benjamin, con su pesimismo lúcido y glorioso, acerca del género de la alegoría, máscara multiplicada en otras máscaras sucesivas tras las que asoma, siempre, en el final del recorrido, la calavera, metaalegoría de la muerte.6 Y cabría preguntarse entonces si toda esta exposición embriagadora que organizó Laura no es una trampa existencialista. Me atrevo a exhortar al visitante a que, después de mirar con atención el cuadro de Cotanda, explore la muestra e intente descubrir cuáles serían las perlas del erotismo visual aquí desplegado, en las que no se adivine la risa apagada de nuestra Enemiga, desfachatada en las imágenes de rapto y violencia, escondida en los pliegues de tanta belleza y frivolidad seductora que cuelgan de estas paredes. ¿Existirán piezas de erotismo que, sin ambigüedades, nos aseguren la redención como promesa de una vida posible sin dolor?7



Notas
1 Laura Malosetti Costa, Los primeros modernos. Arte y sociedad en Buenos Aires a fines del siglo XIX, Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica, pp. 330 y ss.
2 Gaspar Núñez de Arce, La visión de fray Martín, Madrid, Mariano Murillo-Fernando Fé, 1891, pp. 19-21 y 24-27.
3 Patrocinio Ríos Sánchez, “La visión de Fray Martínde Núñez de Arceen dos pintores españoles del XIX”, en Anales de Historia Contemporánea, vol. 17,
2001, pp. 407-414.
4 Núñez de Arce, op.cit., pp. 33-35.
5 Ibidem, p. 36.
6 Walter Benjamin, El origen del drama barroco alemán, Madrid, Taurus Humanidades, 1990, pp. 156-160.
7 Peter Berger, Risa redentora. La dimensión cómica de la experiencia humana, Barcelona, Kairós, 1998, pp. 297-339.


Texto realizado por José Emilio Burucúa sobre la obra La visión de Fray Martín, de Vicente Nicolau Cotanda en el marco de la exposición conjunta de la Biblioteca Nacional Mariano Moreno, el Museo Nacional de Bellas Artes y la Televisión Pública, La seducción fatal.

Vicente Nicolau Cotanda.


Link a la fuente del texto:


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Espero hayan disfrutado del texto y la pintura, como siempre si lo comparten en las redes sociales, tanto esta entrada como otras se los agradeceré. Hasta la próxima !!!

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