miércoles, 27 de mayo de 2015

Reseña de La Condesa Sangrienta, Alejandra Pizarnik. Por Julieta Manterola.


Tapa del Libro La Condesa Sangrienta
Alejandra Pizarnik
Ilustraciones de Santiago Caruso
(Libros del Zorro Rojo)


“La condesa sangrienta” de Alejandra Pizarnik

Por Julieta Manterola

Ayer a la noche leí “La Condesa sangrienta” de Alejandra Pizarnik y tuve miedo. Miedo de la Condesa y de su castillo. Miedo de sus agujas, de su risa y de su éxtasis. La imaginaba con su vestido blanco y la piel más blanca, con la mirada vacía, con sus dedos largos y afilados, clavando finos cuchillos y hierros calientes en los cuerpos de sus víctimas. La imaginaba caminando por los pasillos y las celdas, aunque ya no caminaba, sino que flotaba, porque era un fantasma. Y cuando ella pasaba, las muchachas desnudas se apretujaban en las paredes del fondo de sus prisiones. Después, entraba una sirvienta, agarraba a una de ellas al azar y la arrastraba hasta la mesa de las torturas. Imaginaba los cuchillos en el estómago, las venas abiertas y la sangre cayendo sobre baldes destinados a recogerla. Tuve miedo de los tajos, el dolor y el fuego. Imaginaba el laberinto subterráneo del castillo y la imagen era espantosa. Un espacio cuadrado y enorme, poblado de sangre. Al fondo, un pasillo largo con las celdas. Y al frente, su trono, con unos escalones pequeños y empinados, por si quería bajar y participar del dolor ajeno, provocándolo. Y cuando caminaba, o flotaba, la sangre le subía por el vestido blanco, como la leche sube por una vainilla, hasta empaparla toda. Y entonces tenía que ir a cambiarse. Muchas veces. Repetidas veces. En una misma noche. Imaginaba su castillo medieval construido con grandes piedras grises, con paredes de un metro de ancho, carente de todo lujo. El sol no entraba. No había ventanas. El frío era insoportable. Los techos eran tan altos que no llegaban a verse. En su habitación, sólo había una cama, un espejo y un ropero enorme.

Tuve miedo de la Condesa, de haberla invocado con mi lectura, de haberla llamado al imaginarla. Juro que tuve miedo de verla.

El texto de Pizarnik no describe las torturas con detalles excesivos. Más bien, te coloca de pie en medio de los charcos de sangre. Podés girar la cabeza hacia las celdas o quedarte al lado de la Condesa. Podés mirar hacia arriba y ver cómo cae, desde la jaula, la sangre sobre el trono, sobre su boca, sobre su cara, hasta ensuciarla toda.


Ilustración de Santiago Caruso


La Condesa no quiere morir y la Condesa es melancólica.

“Nunca nadie no quiso de tal modo envejecer, esto es: morir. Por eso, tal vez, representaba y encarnaba a la Muerte. Porque, ¿cómo ha de morir la Muerte?”

“Un color invariable rige al melancólico: su interior es un espacio de color de luto; nada pasa allí, nadie pasa. Es una escena sin decorados donde el yo inerte es asistido por el yo que sufre por esa inercia”.

“[…] la melancolía es, en suma, un problema musical: una disonancia, un ritmo trastornado. Mientras afuera todo sucede con un ritmo vertiginoso de cascada, adentro hay una lentitud exhausta de gota de agua cayendo de tanto en tanto. De allí que ese afuera contemplado desde el adentro melancólico resulte absurdo e irreal y constituya ‘la farsa que todos tenemos que representar’”.


El texto de Pizarnik es como la Virgen de hierro: un mecanismo poderoso y mortal. Lo mejor es leerlo como yo lo hice: de noche y a solas. Los cuchillos se clavan y las imágenes corren como veneno. Todo se intoxica. No hay antídoto eficaz, por ahora. Sólo remedios temporales.




 Ilustración de Santiago Caruso



Copia del retrato original (1585) de Erzsébet Báthory.
(Desaparecido durante la década de 1990)



Castillo de Čachtice. Se encuentra en lo alto de un cerro en la aldea de Čachtice, en la actual Eslovaquia.



Castillo de Čachtice. Se encuentra en lo alto de un cerro en la aldea de Čachtice, en la actual Eslovaquia.



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6 comentarios :

  1. me encanta cómo quedó el post. muchas gracias! espero que guste. saludos!

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  2. vale aclarar que el castillo de las fotos es el castillo donde vivió y murió la Condesa. lo que se ve en las fotos es la entrada. apenas quedan unas ruinas del castillo.

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    1. Sí, en internet hay fotos donde se ve que queda poco del castillo.

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  3. Excelente post, Julieta! Refleja exactamente las sensaciones que provoca este bello y terrible texto...Felicitaciones!!

    Y cada vez que leo este pasaje de Pizarnik, me vuelvo a conmover:

    “[…] la melancolía es, en suma, un problema musical: una disonancia, un ritmo trastornado. Mientras afuera todo sucede con un ritmo vertiginoso de cascada, adentro hay una lentitud exhausta de gota de agua cayendo de tanto en tanto. De allí que ese afuera contemplado desde el adentro melancólico resulte absurdo e irreal y constituya ‘la farsa que todos tenemos que representar’”.

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  4. muchas gracias por leerlo liliana! y qué bueno que te gustó. y sí... ese fragmento es excelente, como todo el libro... besos!

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